PRAGA: 2 , 3 ABRIL 2001

El paso de la frontera entre Alemania y la República Checa fue de más de dos horas. Los pasaportes nos lo revisaron dos agentes alemanes y luego un policía checo se los llevó para que lo revisaran con mayor detenimiento. Nos hicieron pasar los piés por unas alfombras con desinfectante para evitar la fiebre aftosa. El camino fue bellísimo, alternando grandes planicies con pueblecitos en lontananza o a las orillas del lado de la repu. checa, un camino ondulante alternando planicies con cerritos. En lugares altos se veían residuos de nieve y muchos ríos a la orilla del camino. Entramos a Praga con retraso según el itinerario del tour; vimos la puesta del sol desde el bus.

Praga es una ciudad mágica, bella y sublime por excelencia. Hicimos un tour que nos llevó a la parte central de la ciudad en autobús y el resto del recorrido fue a pié. Praga está asentada al igual que Roma, sobre siete colinas, de manera que su terreno no es plano y la ciudad obedece caprichosamente a su topografía. Se descubren muchos rincones bellos a cada paso dado y es difícil decidir qué ver y dónde estar. Sería ideal contar con más tiempo.
Visitamos iglesias, monumentos célebres, pozos de agua que se han acorralado bellamente para evitar el envenenamiento de sus aguas límpidas; el Santuario de la Basílica del Niño de Praga -Iglesia Nuestra Señora de la Victoria- donde compramos algunos souvenirs:
Este niño que está en un altar importante de la iglesia, tiene más de 100 trajes y es muy venerado por la población católica de Praga.

Este niño que está en un altar importante de la iglesia, tiene más de 100 trajes y es muy venerado por la población católica de Praga.

A unos cuantos pasos del Puente Carlos, en Malá Strana, fue inaugurada en 2005 esta exhibición permanente dedicada a Franz Kafka, uno de los escritores más influyentes del siglo XX.


El famoso puente Carlos -en honor al Rey Carlos IV que fue el más prominente de su época- con su bello río Maldova pasando por debajo. El puente hermosísimo, lleno de estatuas, muchos artistas alrededor y a las orillas del puente, vendiendo sus pinturas, pintando, músicos tocando diversos instrumentos para ganarse la vida con propinas.

El puente fue concebido sin su ostentosa decoración actual. Las esculturas fueron añadidas más adelante, entre 1683 y 1714, emulando el estilo del Puente de Sant'Angelo en Roma. Como casi cualquier rincón de nuestra vieja Europa, sus muros esconden incontables leyendas que se entrelazan con la historia real. Sobre su construcción cuentan que se mezclaron huevos con el mortero que une los bloques de piedra que forman sus 16 arcos para hacerlos más resistentes.
Pero sin duda la leyenda más conocida corresponde a la muerte del vicario general de Praga: Juan Nepomuceno fue torturado y arrojado al agua desde el Puente de Carlos en 1393 por orden del rey Wenceslao de Luxemburgo. Los motivos de esta ejecución fueron las habituales de la época, una mezcla de intrigas de carácter religioso y luchas de poder territorial.
Para completar el mito el jesuita Balbín publicó una biografía, casi 200 años después de estos hechos, carente de cualquier tipo de rigor histórico en el que presentaba a Juan Nepomuceno como un mártir de connotaciones patriotas. El resultado de todo este "marketing" de la época fue su beatificación en 1721 y su posterior canonización en 1729 por el papa Benedicto XIII. Su tumba se encuentra en la Catedral de San Vito, dentro del recinto del Castillo, y su estatua es la más visitada del Puente de Carlos. El ritual que realizan a diario miles de turistas, que consiste en pasar la mano por el relieve que representa el momento del lanzamiento del cuerpo de Nepomuceno, ha hecho que esa escena esté más reluciente y pulida que el resto de la escultura. Algunos además tocan la figura de un perro que está en otro relieve situado en el lado izquierdo. Pero esta tradición es una invención más o menos reciente unida posiblemente al enorme incremento de la actividad turística que vivió Praga tras la Revolución de Terciopelo.
El puente oculta un lugar menos visitado y con mayor simbolismo que es el punto desde el que se dice que fue arrojado el Santo. Este lugar está marcado por una cruz rematada por cinco estrellas que se encuentra varios metros antes de llegar a la escultura de Nepomuceno, entre la estatua de San Juan Bautista y el conjunto de estatuas de San Norberto, Wenceslao y Segismundo. Según cuenta esta vez la leyenda local, el Santo concede un deseo si colocas una mano de tal forma que cada dedo toque una de las estrellas, con la otra mano se toca una especie de botón dorado situado más abajo a la derecha y con el pie se pisa otro punto dorado que se encuentra en el suelo. Por último señalar que se pueden realizar paseos en barca que recorren un corto y pintoresco trayecto que pasa por este riachuelo y bajo el puente. Las barquitas son conducidas por unos marineritos vestidos con el típico traje blanco y se pueden contratar en cualquiera de los extremos del puente.
El Puente Carlos debe su majestuosidad especialmente a las treinta estatuas y conjuntos escultóricos que lo flanquean y que fueron colocadas alrededor del año 1700. Las que se ven actualmente son copias de las originales, que se conservan en el Lapidarium para protegerlas del deterioro. Durante mucho tiempo el Puente Carlos proporcionaba la única forma de cruzar el río Moldava y para su mantenimiento se cobraba peaje. Fue escenario de cruentos hechos históricos; las cabezas de 27 rebeldes, ejecutados luego de la Batalla de la Montaña Blanca en 1621, acabaron expuestas en el puente a modo de ejemplo.
A partir de 1870 pasó a llamarse oficialmente Puente Carlos y comenzó a circular la primera línea de transporte público que luego sería reemplazada por el tranvía tirado por caballos, el tranvía eléctrico y autobuses sucesivamente. Entre 1965 y 1978 se realizaron extensos trabajos de mantenimiento y se decidió prohibir el tránsito vehicular sobre el puente, reservado desde entonces para uso peatonal. Otra cosa inusual es la utilización de yemas de huevo en la mezcla utilizada para unir los bloques de piedra, al parecer con el fin de hacerla más fuerte. Esto que al principio sonaba a leyenda finalmente fue comprobado con exámenes de laboratorio.


Visitamos la Plaza de la ciudad Vieja donde se encuentra el famoso reloj de la torre del ayuntamiento. Fuimos conducidos por una guía muy competente. La guía nos mostró dos de los más prestigiosos y confiables comercios para comprar joyas de granate y cristal de bohemia. Nos recomendó un restaurante magnífico para almorzar: bueno, bonito y barato.

A las 4.30 nos condujimos a la Librería donde se llevaría a cabo el recital: Un salón grande con sillas puestas enfrente de una tarima muy sencilla. El recital fue más allá de lo que esperaba: casi toda la música la conocía: Bach, Mozart, Hândel, Vivaldi, Albinoni, Tchaikovski, Dvorak, Saint-Sâenz, Mascagni, etc... Volví a sentirme en el cielo y recuerdo que al escuchar a la soprano y a los acompañantes, se me saltaron las lágrimas de la emoción.
De regreso al hotel, nos costó mucho encontrar el punto de retorno: lo hicimos en el metro y nos perdimos un poco, ya que fue nuestra primera vez en Europa usando el metro como recurso de transporte. Nos costó mucho dejar esta ciudad. La visita fue demasiado breve, apenas un día con una noche. Para mí fue abandonar la magia de una ciudad que ofrece de todo: cultura, belleza, historia. No sólo lo viví con la mente, sino con el corazón y los sentidos a flor de piel. Praga es: "La pequeña París del Este".